Ciudades ¡Esas Grandes Desconocidas!

Estar tanto tiempo en lo más profundo del Congo hace que ciertas cosas te vuelvan a parecer magníficas cuando vas a lugares más desarrollados. Y no creáis que me refiero al primer mundo sino, sencillamente, a ciudades del Este del Congo.

La necesidad de tener que ir muy lejos a conseguir materiales y a solucionar otros asuntos de Proyecto Mzungu implica tener que desplazarse a estas poblaciones. Aunque pueda parecer una bobada, ¡para nosotros no lo es en absoluto!

Dependiendo del lugar, nos puede llevar varios días llegar pero en cuanto llegamos… ¡oh! la city… Un día pudimos disfrutar de 400 metros de asfalto… ¡oh! el asfalto… ese gran olvidado. Tan suave, tan gris oscurito… Dejas el masaje africano (meneo constante del coche por los baches) y, de repente, ni el trasero se te mueve ni te das golpazos contra el marco de la puerta. Es como volar. Nos miramos todos dentro del coche con cara de “qué felicidad… todo un mundo de sensaciones…”. Y, fijaos, hay autobuses, mototaxis… ¡¡para llevarte de un sitio a otro!! ¡Qué inventazo! El ser humano es tremendo.

Otra de las grandes diferencias es la variedad de comida. Ante nosotros, manjares como los guisantes, las ensaladas o las salsas. ¿Y la cerveza? ¡fría! ¿Cuánto tiempo llevaba existiendo tan suculento elixir? ¿Y la cobertura? ¿Sería posible ver un meme por whatsapp? ¡Siii! oh, los avances de la ciencia… Bueno, bueno, por no hablar de tener electricidad algunas horas al día. De repente ves un interruptor, te acercas lentamente a él con cierto respeto, cierras los ojos mientras te preparas para darle con todo y de repente… ¡¡Se enciende la luz!! (aunque no siempre pero con una vez ya…) ¡Un lujazo! Luego, en algunos lugares, hay un tubo metálico con una llavecita al final que giras ¡y sale agua! ¿¿Pero ésto qué es, magia?? Si no recuerdo mal, se llamaba grifo, ¿no? :)

Ante nosotros se presentan bancos, bares, restaurantes y farmacias entre otros. ¿Qué eran aquellos sitios? Nuestras memorias alcanzaron a recordar que un día, en un pasado lejano, supimos de su existencia.

Al margen de las bromas, la verdad es que es un poco en plan Paco Martínez Soria cada vez que llegamos a una ciudad ahora que lo pienso. ¡Te entendemos más que nunca, amigo! Y eso que éstas nada tienen que ver con las de los países desarrollados o en vías de desarrollo. ¡Ni de lejos! No hay edificios altos ni floridos paseos tampoco.

En cualquier caso, cuando volvemos a casa, en el interior y apartados del mundo, estamos tan a gusto porque, en el fondo, no necesitamos la mayoría de esas cosas para ser felices ni mucho menos (al menos yo).

¡Hasta pronto!

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