PANAMÁ: El país que ME SALVÓ LA VIDA

¡FELIZ AÑO A TODOS! Y para celebrarlo, os voy a contar una de esas historias que me pedís mucho. Una de esas siete ocasiones en las que estuve a punto de morir. Suena duro pero es tan verídico como que me llamo José Antonio.

Alguna vez os he contado otras de esas siete ocasiones. Los que seguís el blog recordaréis la tormenta de nieve en la Antártida que podéis leer aquí. Situaciones o momentos que me ponen las pestañas tiesas cada vez que las recuerdo.

DSC00059Ésta en concreto nos va a llevar a Panamá así que dejamos Macedonia, destino que visitamos la semana pasada, y comenzamos. ¡¡Vámonos!!

Panamá es uno de los países que más me gusta de Centroamérica junto con Guatemala y hace tiempo que perdí la cuenta de la cantidad de veces que lo he visitado. Hoy os voy a relatar mi primer viaje a esta gran nación y aprovecharé el momento para mostraros un poquito el lugar.

Corría el año 2001 y yo vivía en Venezuela por aquel entonces. No tenía canas (esas que me están saliendo en las patillas a medida que escribo) y tenía una buena mata de pelo en el melón. La vida me sonreía y todo era chupiguay.

DSC00057Como siempre me han gustado los deportes de riesgo, se me había metido en la cabeza (esa de la mata) hacer un curso de caída libre (free-falling) que viene a ser un tipo de paracaidismo en el que saltas de un avión, vuelas un rato cayendo como una piedra y en un tiempo determinado haces “¡chasca!” y despliegas el paracaídas. Se recomienda hacer el “¡chasca!” siempre, ¿eh? Que te puedes hacer mucha pupa (realmente toda la pupa).

Estaba decidido a hacerlo y me comuniqué con una escuela de caída libre en Venezuela que tenía un curso programado. Cuatro días de pura adrenalina y muchos saltos para sacarme la licencia de… mmmm… ¿“caedor” libre? ¿free-faller? ¿chasquero? ¿chascuno?… Bueno, nos quedaremos con paracaidista recreativo. Esos cuatro días comprendían un fin de semana y el lunes y el martes de Carnaval. Éramos un grupo de seis personas y faltaban un par de semanas. Jo, ¡no podía con la emoción! Tenía todo organizado y listo…

DSC00222Unos días más tarde, recibí una llamada de uno de mis mejores amigos, que en aquel momento residía en Panamá, para invitarme a pasar el Carnaval allí. Le dije que no, que tenía el curso y que no podía pero él insistió a golpe de “venga José, tío, que no sé cuánto tiempo más voy a seguir aquí y lo mismo no hay más oportunidades…” y de “ya verás que divertido, el bailoteo, el ronsito, las risas, Carnaval en la playa…”. Me estaba poniendo los dientes largos pero yo seguía empecinado en quedarme en Venezuela a tirarme varias veces de un avión. Lo típico.

Al final, tras darle vueltas varios días al tema, Panamá y el bailoteo ganaron la partida. Cancelé todos mis planes a regañadientes y compré un vuelo a Ciudad de Panamá. Total, ya habría tiempo para hacer el curso en otro momento del año.

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¡Haciendo siempre nuevos amigos!

Llegué a Panamá y comenzó la diversión. Lógicamente, fuimos a ver el Canal de Panamá que es impresionante y fui testigo del brutal despliegue financiero destinado a construir rascacielos. Un boom inmobiliario que ha ido dejando la capital con un skyline más propio de una ciudad de los “Iunaited Esteits of America”. Más que en Centroamérica, ¡parece que estás en Atlanta! Increíble.

No obstante, quitando los edificios, estás de lleno en un lugar de marcado carácter latino, alegre, cómodo y divertido. Y, muy importante, es seguro. Esta última, una cualidad de la que no pueden presumir la mayoría de las capitales de Hispanoamérica. La gente es relajada, muy agradable y siempre dispuesta a echarse unos bailes.

DSC00045Yo he visto cómo ha ido cambiando el país en muchos aspectos. Los precios han subido, está todo más organizado y comienza a tener también los males de otras tantas ciudades del mundo. Pero así es la vida y sigue siendo genial.

DSC00022En Ciudad de Panamá hay casinos, restaurantes para todos los gustos, multitud de tiendas de electrónica con bajos impuestos… De hecho, allí y en ese viaje me compré mi primera cámara de fotos digital. Era un armatoste de tres pares de… circuitos electrónicos… pero yo estaba feliz como una lombriz sacando fotos a todo lo que se movía sin tener que ir a revelarlas después. Que maravilla. Supongo que la misma emoción que sentiría mi abuelo (que en paz descanse) cuando compró su primera televisión.

DSC00024De allí nos fuimos a Isla Contadora en el archipiélago de las Perlas que queda del lado del Pacífico panameño en el golfo de Panamá. Una vez allí, vivimos el Carnaval a tope. Por el día, motos de agua, snorkel para ver tiburones, solecito, playita, paseos, comilonas… Por las noches, bailoteos varios, ronsitos cargados, puros habanos, ligoteo, también playita, la procesión de la reina electa del Carnaval, muchas risas y memorias que me hacen siempre sonreír.

El tiempo se acabó y, tras tantas emociones, volvimos a la ciudad y cogí mi vuelo de vuelta a Caracas. Todo fue fantástico, mi amigo una excelente compañía, la gente allí maravillosa y, en definitiva, un viaje memorable.

Ahora os estaréis preguntando: “¡¡¡Pero si no te pasó nadaaaaa!!!”. Y, efectivamente, eso fue lo que me pasó: nada. Seguid leyendo…

En cuanto llegué a Venezuela, lo primero que tenía en la mente era mi curso de caída libre. ¡Tenía que volver a apuntarme! Así que llamé a la escuela de nuevo para tener, lo que sería, una de las conversaciones más impactantes de mi vida:

Yo: Hola buenos días, quería saber si ya tenéis fechas para el próximo curso de caída libre.

Operadora: Bueno días señor, en estos momentos la escuela no se encuentra operativa y realmente no sabemos si habrá o no otro curso algún día.

Yo: ¿Por qué? ¿Habéis cerrado?

Operadora: Verá señor, el asunto es que en el curso que había programado para este Carnaval hubo un accidente.

Yo: ¿Qué me dice? ¿Qué ha pasado?

Operadora: La avioneta que transportaba a los saltadores que hacían el curso se estrelló en el mar y murieron todos excepto una persona que no iba a bordo porque había cancelado su asistencia hacía unos días.

En ese momento me recorrió todo el cuerpo un escalofrío difícil de describir y alcancé a articular las siguientes palabras:

Yo: Señorita, esa persona era yo. Siento mucho lo ocurrido. No sé muy bien que decir…

Operadora: Puede decir que tiene usted mucha suerte de estar vivo…

Pude ver en esos días las noticias de la catástrofe. Todos mis compañeros y el piloto fallecieron en el acto aquel fatídico día mientras yo bailaba ajeno al desastre en el país del istmo. Lo siento amigos, desde lo más profundo de mi corazón. Descansad en paz. Se me está haciendo un nudo muy grande en la garganta.

Algo así no se te olvida nunca. Gracias amigo por aquella llamada. Gracias Panamá por salvarme la vida. Gracias a ambos por darme la oportunidad de estar hoy aquí.

Hasta la semana que viene.

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6 reflexiones sobre “PANAMÁ: El país que ME SALVÓ LA VIDA

  1. Lola

    Impactante, que te voy a decir a ti¡¡¡
    Esta claro que tienes muchas cosas que hacer todavía en este plano.
    Siempre he sentido, aunque no conozco, que Panama es un lugar especial, aunque tanto rascacielos y tanto gringo me tienen despistada je, je,je. Ahora se que al menos para ti lo ha sido.
    Gracias por compartir.
    Un abrazo

    Responder
  2. León Hochman

    Feliz 2017 con salud y viajes.
    Todavía tienes misiones para realizar.
    Viví en Panamá 3 años. Bello país.
    Un abrazo.
    León Hochman.

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  3. Antonio Aguilar

    Muy buenas Jose Antonio,

    ¡Feliz año! Aunque he pasado muchas veces por aquí, nunca he dejado ninguna huella y tras acabar de leerte este artículo los dedos se me pusieron solos sobre el teclado.

    Lo primero, agradecerte que compartas tus historias por aquí. Me encanta cómo las cuentas. Y lo segundo darte la enhorabuena por tu proyectazo en Congo. Me encanta ver que hay viajeros que más allá de su ombligo miran al prójimo y deciden (te robo las palabras) “devolver al mundo lo que les ha dado”.

    Me encantó este relato de Panamá por poner de manifiesto algo que a cada día veo tan importante como ninguneado: la importancia de cualquier acto, da igual lo grande o pequeño que parezca ser. El amigo que un día conociste por a saber qué motivo, con el que por a saber qué otro congeniásteis bien, y una serie de pequeños actos que un día llevan a una llamada que te salva la vida. ¡Toma ya! Casi ná…

    Ojalá algún día nos encontremos, y si es en Congo (por donde quiero pasar pronto) mejor que mejor.

    Un abrazo de otro loco al que también le gusta pasear y hacerle cosquillas al mundo.

    Antonio.

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    • TravelZungu Autor del Post

      Feliz Año y gracias por tus palabras Antonio. A ver si el destino nos hace coincidir por algún rincón de este maravilloso (y revuelto) mundo. Abrazos!

      Responder

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