REPÚBLICA CENTROAFRICANA: perdido en la SELVA

¿Qué harías si te perdieras en la selva? ¿Sentarte a leer el prospecto que nunca te has leído de tu cámara? No, eso se hace en el baño. ¿O escribir un ensayo sobre protocolo y variantes del pincho moruno? Lo dudo, aunque, oye, cada uno…

A mí me ocurrió en la República Centroafricana y hoy os lo voy a contar con pelos y señales. Literalmente. Pelos que se te ponen como escarpias y señales que te dejan las ramas de los árboles y los insectos.

La República Centroafricana (RCA) es unos de esos muchos países del continente “olvidado” que goza de una inestabilidad política constante. Por otro lado, es muy difícil de superar en cuanto a experiencias en la naturaleza se refiere. De esos lugares en los que probablemente estés tú sólo (o con tu grupo) visitando sus maravillas. Eso sí, no está exento de peligros: conflictos armados, malaria, etc. En definitiva, uno de esos sitios que me encantan.

Selva en RCA

Seguro que algunos de vosotros compartís conmigo la pasión por la selva. Qué lugar, ¿verdad? Durante el día, es un espacio abrumador y mágico al mismo tiempo. La luz del sol no llega directamente por la cantidad de vegetación, todo parece igual mires donde mires y hay vida por todas partes, aunque no la veas. Por la noche, es como un manto que te envuelve. La orquesta de sonidos, las sombras… Nadie te puede molestar, los teléfonos no funcionan. Sólo tú y los ruidos (y los tuyos). Siempre da la impresión de que algo va a salir de algún lugar y se va a abalanzar sobre ti pero nunca ocurre. Bueno, es que si ocurre, te haces “caquita” directamente.

Barca en RCA

Tras estudiar las rutas para llegar al Parque Nacional de Dzanga Sangha en el extremo Suroeste del país, lo mejor era ir por Camerún para evitar a todos los rebeldes posibles en el camino. ¿Resultado? Muchas horas de vuelo, dos días y pico de carretera y otras tantas horas en canoa. Un amigo me preguntó el segundo día de carretera si tenía el culo “cuadrado”. Yo le respondí: “No, cuadrado no. Cuadrado lo tenía ayer”. Pero hay sitios que merecen cualquier esfuerzo y, éste, era uno de ellos.

Pigmeos con dientes en punta

Una de las cosas que me encanta hacer en África es ir a cazar con los pigmeos en la selva. Aunque hay diferentes tribus, todas tienen algunos rasgos comunes tanto físicos como culturales. Son gente fantástica que sufre cierto racismo por parte de otros grupos étnicos. Algunas de las mujeres que allí nos encontramos tenían los dientes con forma de punta. Todos ellos. Se los parten ¡¡a machetazos!! y denota valor a la vez que belleza en su cultura. La belleza, bueno, para gustos los colores pero el valor, de ése hay que tener mucho para pasar tan doloroso trámite.

Nada más llegar a uno de sus poblados, les manifestamos nuestro interés en ir de caza y que buscábamos 10 cazadores… En ese momento se revolucionó el pueblo y ¡empezó a salir gente de debajo de las piedras!. Cogían sus redes y saltaban sobre la parte de atrás de la pick-up. Los que no podían saltar agarraban los pechos de las mujeres que estaban ya dentro para ayudarse a subir. En unos segundos había una pirámide de gente dentro y el morro del coche apuntando a Marte.

Cazadores PigmeosNos habría gustado llevárnoslos a todos pero no era posible así que hubo que poner orden. Al final, 15 nos acompañaron. Cada uno con su red, cantando y riendo hasta que nos adentramos por los caminos. Me encantan esos caminos. Reflejan los colores de África: el marrón de la tierra, el verde de la vegetación y el azul del cielo.

Escogimos un punto, nos paramos y nos dispusimos a adentrarnos en la selva. Entre risas y conversaciones nos íbamos metiendo cada vez más y más. Bebíamos agua del interior de las ramas de ciertos árboles, sudábamos profusamente y estábamos felices como perdices.

Bebiendo de árbol en selva

Los pigmeos colocan las redes como si fuera una red de tenis. Después, las mujeres van haciendo unos ruidos muy característicos en los alrededores para conducir a los antílopes hacia las redes donde quedan atrapados y los hombres los mandan al otro barrio con lanzas y/o cuchillos. Este procedimiento se lleva a cabo varias veces hasta que cazan… o no…

Tras varios intentos sin éxito, empiezan a increparse los unos a los otros al son de: “¿¿Quién práctico sexo ayer por la noche??”. La tradición dice que, si alguien lo hizo, traerá mala suerte a la caza del día siguiente. Acto seguido, hacen rituales restregando las redes para deshacerse de tan grave infortunio.

Cazadora pigmea en la selva

Llevábamos unas dos horas, habíamos caminado mucho y supongo que el día anterior hubo orgía en el poblado porque allí no cazábamos ni malaria.

Decidimos probar más veces por otras zonas pero, al rato, quisimos volver para que no se nos hiciera muy tarde. Hasta aquí, todo bien. Comenzamos a caminar hacia donde creíamos que estaba el camino con el sabor agridulce de no haber cazado pero de estar teniendo una experiencia fantástica.

Pasaba el tiempo, el entorno se volvía cada vez más denso, cada vez capas más gruesas de hojas en el suelo, los árboles cada vez más juntos… O eso me parecía a mí. Se puso a llover, hacía calor y había mucha humedad. Creedme, la selva puede ser agobiante.

Cuando vas a construir una casa, contratas un arquitecto, ¿no? Pues si quieres meterte en la selva… vas con los señores del bosque… ¡los pigmeos! ¿no? No hay mayores expertos. Es su entorno, del que viven.

Pues con todo esto… ¡¡¡NOS PERDIMOS!!! Si, si… ellos 15, nuestro guía (también pigmeo), nuestro amigo bantú y nosotros tres. Dimos vueltas y vueltas, caminamos y caminamos. Se acabaron los cánticos y las risas. Empezaron los agobios.

Perdido en la selva de la República Centroafricana

Pasaban, todo era igual y cada vez era más necesario el uso del machete para abrirse camino.

Yo saqué mi cámara para grabar el momento (algún día lo colgaré). En qué momento. Cuando terminé de grabar, me di cuenta de que no sólo estábamos todos perdidos si no que, además, ¡¡me perdí yo mismo de los demás!!. “¡¡¡Dónde estáaaaaais, carajoooooooo!!!”. Afortunadamente, las mujeres iban haciendo el mismo ruido que hacían durante la caza y por el sonido me guié. ¡Ojo! ¡No para salir! ¡¡¡sino para unirme de nuevo al grupo de perdidos!!!.

Les encontré pero seguíamos en la misma. Uno de mis amigos intentaba conectar una nueva batería a un viejo GPS que tenía. Mientras el grupo se dispersaba cada vez más (de hecho, éramos seis o siete en ese momento), nosotros nos sentamos unos minutos con el GPS esperando a que diera algún dato.

Guía pigmeo en la selvaFinalmente, se hizo la luz. El GPS se activó y marcó nuestra posición. Aunque el mapa que desplegaba el aparato nos situaba en medio de la nada, ampliando mucho el mapa se podía ver identificado un camino a varios kilómetros. Tras jugar con el aparato un rato, el GPS juntó los puntos de las últimas lecturas de posición. Para nuestra sorpresa, ¡¡habíamos caminado en círculos!!. Como en esas películas en las que el protagonista se pierde en el desierto vestido de beige y va siempre con la lengua fuera.

Aún así, tuvimos una discusión con el guía pigmeo que se empeñaba en seguir una dirección totalmente distinta a la que indicaba el GPS. Al final, nos dispersamos todavía más pero manteniendo contacto a través de los ruidos que ellos hacen.

Tras dos kilos perdidos (que nunca vienen mal porque… menudas lorzas…), conseguimos salir al camino. Volvieron las risas aunque no los cánticos. Pero no me habría importado. Total, éramos 20 y con los artilugios y tal parecíamos Los Sabandeños.

Ya sólo era cuestión de caminar hasta dar con el coche. Llegamos, nos juntamos todos (iban saliendo grupos de entre la maleza) y respiramos… la aventura había terminado felizmente. ¡UUUF!.

Con cazadora pigmea en RCA

No me cabe duda de que ellos habrían conseguido salir tarde o temprano porque, por algo, son los señores del bosque. En cualquier caso, que nadie se asuste porque esto es muy raro que ocurra. Yo nunca lo había oído y no era la primera vez que me adentraba tanto en la selva con pigmeos. Ellos, al final, siempre te van a sacar y la experiencia es inolvidable.

Cuando os vuelva a hablar de RCA, os llevaré al Parque Nacional de Dzanga Sangha, para que conozcáis a los gorilas de llanura (distintos a los de montaña de los que ya os hablé en la República Democrática del Congo) y os mostraré uno de los lugares que más me han impresionado de África.

¡¡Hasta la semana que viene!!

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5 reflexiones sobre “REPÚBLICA CENTROAFRICANA: perdido en la SELVA

  1. León Hochman

    Impresionante experiencia.
    Me da gusto que sigas usando la camiseta azul celeste con el mapa de Africa, de nuestra expedicion por el Africa Occidental en el barco MS EXPEDITION.
    Un abrazo viajero.
    León Hochman.

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