EL POLO SUR: Experiencias en la ANTÁRTIDA II

Seguimos hoy en el continente antártico. Si no leíste el post anterior sobre mis experiencias allí, haz click aquí para que entres en calor.

Antes de llevaros al Polo Sur, os cuento un poco cómo fueron los primeros días en el campamento base de Patriot Hills de la Antártida para que os ambientéis.

Dormir a muy bajas temperaturas en una tienda de campaña (de las de acampar) para dos personas tiene sus bemoles. ¡Nada de calefacciones! No os imaginéis un material térmico especial ni nada por el estilo.

Para poder pegar ojo sólo hay una forma. Ropa adecuada puesta y un buen saco. Ropa que te cubra cada centímetro de piel. Si, si, la cara también. Forro polar fundamental. Lo malo es cuando a mitad de la noche (bueno, es un decir, porque allí en verano es de día siempre como si fueran las 14:00) tu compañero de tienda te dice: “Oye… psssst… ¿me puedes ayudar con la cámara un momento?”. Y tú: “Si, claro”. Te levantas el forro polar que te cubre la parte superior de la cara para sacar el ojillo y prosigues: “Espera, dame un momento que se me ha congelado la córnea…”.

Pero bueno, allí estás tú ,“calentito” y con tu botella de cuello ancho para los “pises”. Tan a gusto.

Paisaje Antártico

A diario hacíamos diversas actividades tales como jugar con el quitanieves, hacer esquí de fondo, escuchar charlas sobre expediciones polares, visitar un antiguo campamento chileno abandonado o un avión estrellado hace años, jugar en el comedor con el resto de habitantes del campamento, escalar alguna montaña cercana y comer como cerdos. Porque allí te ceban. Claro, como nada caduca

Lo de escalar la montaña cercana supuso una de las siete veces en mi vida en las que estuve a punto de morir. Merece un post completo así que otro día. Otra de esas casi fatales ocasiones os la relato más adelante en este mismo post.

Voy a detenerme un momento en los habitantes del campamento para que veáis la fauna de la zona. Allí había tres tipos de personas:

  1. Los científicos. Éstos vivían allí varios meses al año estudiando la capa de ozono, el desplazamiento de las masas de hielo… y todos se parecían a Papá Noel pero sin los regalos. Barbas blancas largas, con su barriguilla y con los mofletes colorados.
  1. Los escaladores y los aventureros extremos antárticos. Las personas que buscan conquistar las cumbres más altas de cada continente vienen aquí para subir el Macizo Vinson (4.992 m) (algunos con dedos amputados, otros a los que se los amputarían días después…), los que cruzan la Antártida con esquís… Eso sí, todos con alguna quemadura visible en la cara.
  1. El cajón desastre de los personajes. Desde el que planificaba nadar entre Londres y Nueva York al que dio la vuelta al mundo en un “aparatejo” volador… Todos con un denominador común: la pasión por la aventura y todavía con todos los dedos, sin pieles colgando (de momento) y sin largas barbas aunque ya empezábamos a lucir “mofletillos coloraos”.

En un entorno tan particular, un día me lancé a caminar sólo, rodeado de blanco. Caminé, caminé y caminé un poco más y me senté. Me senté y reflexioné en profundidad. Nada en el paisaje podía perturbar mis pensamientos. Ese momento me cambió la vida de una forma que no esperaba. De repente, vi con claridad cuál sería mi rumbo de ahí en adelante. A día de hoy ese momento sigue marcando mis pasos y mi vida en general. Y lo que me queda. Escribiré mucho sobre lo que ocurrió ese día porque os va a sorprender tanto como a mí.

Volviendo a la aventura… ¿Cuál fue el plato fuerte de este viaje (¡como si el resto no lo fuera!)? ¿Se os ocurre un lugar en el que no hay ni hoteles ni señales de tráfico ni animales, está muy lejos del mar y todo es del mismo color?… Venga… dadle a cabeza… ¡No! ¡Los agujeros negros no valen! Que este blog no es de astronomía. Además, seguro que ya hay, por lo menos, un colorido “Todo a 100” regentado por chinos en cada uno de ellos.

¿Ya sabéis qué lugar es? ¡¡EL POLO SUR!! ¡Bieeeeeeeen! Sois unos cracks. Por cierto, el Polo Norte está en el mar (aunque esté congelado). Lo digo por si alguien quería entrar en debate… :)

Twin Otter en la Antártida

De camino al Polo

Pocos fuimos los que nos montamos en los pequeños aviones Twin Otter con destino al polo Sur geográfico. El avión aterrizó a mitad de camino para repostar en un lugar en el que no hay nada excepto bidones de combustible.

Al final llegamos al Polo con mucha emoción. Era un momento único en la vida. ¡¡EL POLO SUR!! Para un viajero y aventurero, llegar aquí es… ¡¡TOTAL!!.

¿¿Y qué es lo que hay allí?? Pues una base científica norteamericana de nombre Amundsen-Scott y el Polo Sur Geográfico al lado.

En la base Amundsen-Scott

En la base Amundsen-Scott

Recorrimos la base. Era como estar en una estación espacial pero sin la Teniente Ripley. Eso sí, aquí había cafetería, gimnasio, un pequeño cine, una tienda y hasta un puesto de correos (por supuesto que envié alguna postal que otra).

Amundsen-Scott temperatura

¡Qué Fríoooooo!!

Fuera de la base hay un círculo formado por banderas de muchos países alrededor de un poste con una bola. El mismísimo Polo. Bueno, cada año se desplaza (que también puedes ir al lugar exacto que está unos metros más allá). Ese fue el punto álgido del viaje. Fotos y más fotos, frío y más frío. Hasta -42 grados llegamos a soportar ese día. Era difícil operar la cámara con los guantes y, al respirar, notabas como se te congelaban los pelillos de las fosas nasales (y todo lo que tuvieras dentro, claro). ¡TODO UN MOMENTAZO!

Recuerdo que una amiga llevaba un teléfono satelital y me lo dejó un momento para llamar a mi familia en Madrid.

Yo: “¡¡Mamá!! ¡¡¡Hola!!!, ¿¿me escuchas?? Soy José, ¡¡ESTOY EN EL POLO SUUUUR!!!.

Mi madre: “¿¿Cómoooo?? Espera hijo, que estamos aquí haciendo un huevo frito…”

Yo: “¡¡Pero mamá!! ¡¡¡Deja el huevo y escúchame, que esto es muy caro y tengo poco tiempo!!!

Mi madre: “Si, hijo, ya, el Polo Sur, espera, que estamos poniendo un canal en la tele que no nos sale…”

Yo: “¡¡¡¡¡¡MAMÁAAAAAAAAAAA!!!!!!”

El teléfono: “¡Clonk!, tu-tu-tu-tu-tu-tu…”

Así fue mi conversación con mi madre desde el Polo Sur. Todavía se lo recuerdo y nos partimos de risa. Está claro que no es una llamada que esperas recibir.

José Antonio Ruiz en el Polo Sur

El mismísimo Polo Sur

Tras pasar allí el día, regresamos a Patriot Hills. Los mismos vuelos y una cena para celebrar. ¡¡Y qué celebración!! Habíamos llevado una botella de mezcal que tenía tres gusanos dentro (para que más gente tuviera gusano). Nos dieron las 07:00 de la mañana allí entre chupitos y gusanos. Estirando, claro, porque éramos un grupito.

La verdad es que, con la emoción, se nos fue un poco de las manos. Al salir de la tienda-comedor, me vino una ráfaga de viento muy fuerte y se me voló un guante. Creedme, allí no quieres perder un guante. No, no, no.

Corrí y corrí detrás del guante pero el viento cada vez lo arrastraba más. Seguía un punto negro en el horizonte. De repente, me vi envuelto en un “White-out”. Nada menos que una tormenta de nieve. Sólo os digo que una película americana con ese nombre se tradujo como “Terror en la Antártida”. Te ves envuelto de blanco en todas las direcciones. El peligro es que pierdes la orientación y ya ni sabes qué es delante, detrás, arriba o abajo. Yo seguía corriendo hasta que… me perdí… no tenía ninguna referencia… ni guante. Sólo un gusano en el estómago y la certeza de que mi vida corría peligro.

Había corrido mucho así que estaba muy lejos del campamento. Vaya situación. Me convertí en la aguja del pajar. Se me bajó el mezcal y hasta el frío. ¿¿Y ahora qué?? Lo mejor que podía hacer era sentarme y esperar a que pasara para ver si podía divisar algo, algún punto que pudiera reconocer (como si fuera fácil en un lugar donde todo, pero todo, es un manto blanco infinito). Pero no pasaba.

Al cabo de un buen rato, no sabría decir cuanto tiempo porque todo era muy confuso, apareció a toda velocidad una moto de nieve con un plástico grande anclado a la parte de atrás a modo de camilla. Derrapó delante de mí, se bajó una persona, me tiró como un saco de patatas en el plástico y salimos derrapando de nuevo hasta llegar al campamento. Soy consciente de que, si no me llegan a encontrar, me habría quedado allí y no estaría contando esto hoy. Tan verídico como que Jordi Hurtado no ha cambiado en 20 años.

Paisaje en la Antártida

Moraleja: nunca salgas de una tienda-comedor en la Antártida con la mano en alto tras tomarte un mezcal con gusano cuando va a haber una tormenta de nieve. El viejo dicho. Algo que todos debemos tener siempre presente porque nunca se sabe.

Mi querido guante nunca apareció. Lo hecho de menos. Si alguien lo encuentra, por favor, que me lo devuelva, ¿no?. 

¡¡Difunde este post en y a ver si lo encontramos!! 

 

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6 reflexiones sobre “EL POLO SUR: Experiencias en la ANTÁRTIDA II

  1. León Hochman

    Me goce mucho tus relatos sobre tu expedición a La Antártida. Tu ya me habías contado, cuando estuvimos juntos en África Occidental, sobre como ese viaje te cambio la vida para siempre, dejándote muy claro sobre lo que sería tu vida de allí en adelante.
    Yo estuve en la Antártida en 1986 pero no fui hasta el Polo Sur.
    Me pareció muy simpático lo del guante, a mi me paso algo parecido en un Diciembre congelado en la Gran Manzana, New York, saliendo del Myseo de Ciencias, me quite un guante para poder tomar una foto y se me callo, al minuto que me di cuenta, lo busque y nadie aparecio. Alguien lo recogió y resolvió el 50% del frío de sus manos. Yo me que con el otro 50% hasta que compre un par nuevo.
    Te felicito. Sigo esperando tus próximos escritos. Fuerte abrazo. Leon Hochman.

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  2. Isaac Mar del Plata

    gu gu.
    Es un conocido jeroglífico (gu gu.). Significa: Un par de guantes de punto (un par de gu antes de punto).
    Eso es lo que necesitan ustedes, los grandes viajeros, cuando van a la Antártida. Tal vez yo iré un día ¡Los envidio!

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  3. Pingback: Viajar para construir escuelas en África. Travel Zungu.

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